RITO Y SIMULACRO. por Yury Forero


El interés es centrar la investigación acerca de las ritualidades en el ámbito de lo urbano, los ritos que se desarrollan en las ciudades contemporáneas, construidas o instauradas dentro de las lógicas de occidente, si bien se tendrá muy en cuenta como un marco contextual las problemáticas que lo ritual implican en lo ancestral desde una mirada antropológica, es debido a ese interés por lo urbano que se relaciona lo ritual con el concepto de simulacro, para asumirlo desde una mirada semiotizada, tomando la ciudad como el lugar o el escenario en donde el hombre desarrolla los roles parateatrales que esta civilización le impone o le implica. Y asumo la idea de una vida parateatral con una cercanía a la vez que un alejamiento a la técnica artística de la performance, siendo el marco de investigación de mi obra artística.
Mas allá de una mirada ideal sobre la ciudad, interesa la ciudad real, esa que en este momento desarrolla conflictos políticos armados que aún no son desarrollados en la totalidad del territorio y en la totalidad del tiempo, es decir, es determinante el hecho de una guerra que poco a poco se desplaza de lo rural a lo urbano, pero no como un avance de arrasamiento en general, sino mas bien como procesos intermitentes de posicionamiento de la muerte y la destrucción , alternado con instancias en donde la guerra desaparece y se puede vivir en una aparente calma en la que la población puede dedicarse al consumo y al turismo urbano de los centros comerciales o al acercamiento a la cultura como mecanismo de socialización
Rito y simulacro quiere centrar ese fenómeno del territorio colombiano por ser lo urbano uno de los modos de vida que mas intensamente dinamiza el pensamiento de la población, sea para asimilarlo o para rechazarlo, negarlo y resistirlo, Colombia, Latinoamérica y el tercer mundo en general, es afectado por el paradigma de país en vías de desarrollo en aras de estar listo para funcionar en estructuras globales, lo urbano moderno, tecnológico, es el modelo a seguir acertadamente o no.
El momento histórico por el que atravesamos es un momento de definiciones por lo que el país esta atravesado por el choque de situaciones y de discursos que confrontados varían las condiciones de vida actual, por una parte aun no termina de establecerse el coloniaje de occidente con su llamada modernidad, la cual a esta sociedad le ha implicado el abandono de ciertas seguridades dadas en el coloniaje anterior hecho por España , alternancias de intromisiones de sistemas de homogenización que han hecho difuso el establecimiento de un supuesto modelo que desarrolle identidad, de hecho la verdadera identidad que esta sociedad podría tener proveniente de lo precolombino se diluyo hace mucho tiempo, quedando algunos recuerdos tomados como souvenir.

Rito y simulacro intenta ser una mirada sobre el conjunto de acciones rituales que el humano desarrolla en el eregimiento de la cultura, en la introspección del individuo en busca de sus respuestas de sentido, ser o simular, esas acciones constituyen la concreción de una sublimación, una valoración seguida en acción por una escenificación que evoca, convoca, representa y presenta el objeto de su culto. El rito es la acción de comunión en una creencia colectiva que a través de presencias y símbolos, elaboran contenidos que dan cuenta, narran, explican, dan sentido, explicitan sentido. Si lo ritual es uno de los medios por el cual lo social proyecta sus idealizaciones depositando en ellas su culto, cu creencia, aparece acá la pregunta acerca de ¿Qué es? Elevado a la categoría de objeto de culto, cuales son esas cosas o esas fuerzas. Igualmente aparece la pregunta de las conexiones entre el arte y lo mágico, el papel chamánico del individuo actual que dinamiza su acción transformando mundo.

Pero ¿Cómo se asume la función del rito en lo ancestral? Para analizar lo ritual desde perspectivas antropológicas se pueden tomar dos miradas fundamentales:

La una asume lo ritual como la instancia de conexión y comunicación de lo humano con lo divino, la otra asume o señala lo ritual como mecanismo de socialización; es decir, en el origen el individuo tenia conciencia de su realidad en la medida que se explicaba ontológicamente en relación con algo mas allá de si mismo que lo creaba y paralelamente la construcción de esa conciencia de su realidad se efectuaba en la medida en que no se hallaba solo y podía referenciarse con otros, otros con los cuales conformaba grupo y con los que establecía ciertas concepciones a través de sus comportamientos , establecía códigos de identidad y de inclusión en esa realidad. Tanto sus relaciones con lo divino como sus relaciones con lo humano eran dadas en el marco de un mundo natural y es precisamente a través de esa naturaleza, de sus objetos y sus procesos que lo divino se manifiesta y se comprueba. Ese algo fuera de si mismo que lo creaba, que de hecho tenia una jerarquía mayor , lo sobrepasaba sin poder darle una explicación, pues esta fuera de la relación razón – no razón. Néstor García Canclini en Las Culturas Híbridas apunta “el rito se distingue de otras practicas porque no se discute, no se puede cambiar ni cumplir a medias. Se cumple y entonces uno ratifica su pertenencia a un orden, o se transgrede y uno queda excluido fuera de la comunidad y de la comunión…lo sagrado tiene entonces dos componentes: es lo que desborda la comprensión y la explicación del hombre, y lo que lo excede en su posibilidad de cambiarlo”

Así se divide la concepción de lo sagrado a la concepción de lo profano según Mircea Eliade en Lo Sagrado y lo Profano, lo sagrado se constituye como una manifestación divina, una realidad de un orden totalmente diferente al de las realidades naturales, que vendrían a ser las manifestaciones de lo profano.

Sin embargo lo sagrado se revela a través de esa misma naturaleza por medio de hierofanias, esto hace que ciertos elementos naturales sean una cosa que muestra lo sagrado trasmutándose su realidad pero sin dejar de ser la cosa misma, sin dejar de participar de su medio circundante, un objeto entre otros objetos que se recargan de misterio revelando sacralizad, convirtiéndose en objetos consagrados, aquí cabe la pregunta de si dichos objetos; semilla, montaña, piedra, árbol se constituyen como una representación o se constituyen como una presentación de algo que por si mismo es impresentable, de una u otra manera lo cierto es que lo sagrado es la instancia en donde el hombre se satura de ser, se potencializa para que su realidad sobrepase lo perenne pues lo coloca en contacto de lo divino y lo pone en comunión con el principio y fin de todas las cosas.

El tiempo profano se refiere a la duración temporal ordinaria en que se inscriben los actos despojados de significación religiosa. Es un tiempo que se caracteriza por su continuidad cronológica y por su capacidad de cambio, constituye la historia cuyo aspecto de manifestación es lineal, aunque el hombre no religioso tiene también nociones de discontinuidad, estas son dadas por su cambio de actividad, tiempo de trabajo, tiempo de regocijo, etc., sin embargo se plantea que para este tipo de hombre el tiempo no presenta ruptura ni misterio y su mas profunda dimensión existencial esta ligada a su propia existencia, pues esta ligada a un comienzo y a un fin que es la muerte y si bien tiene una noción de pasado y una de futuro, vive en lo que se denomina un presente histórico que constituye el momento en el que el tiempo profano se manifiesta y cuya sumatoria de acontecimientos conforma la historia.

El tiempo sagrado es un tiempo mítico universal, que tuvo lugar en un pasado mítico, al comienzo, este tiempo no transcurre, es infinitamente recuperable y repetible, por su propia naturaleza es reversible pero su duración es irreversible y puede ser re-actualizado como acontecimiento sagrado dentro de la realización del rito o de las fiestas periódicas que posibilitan la misma situación inicial en la que los dioses crean y santifican a raíz de su gesta, este tiempo sagrado se manifiesta en un aspecto circular, ahora bien, el hombre religioso experimenta intervalos temporales entre lo sagrado y lo profano, vive en la linealidad histórica pero sale de ella en la celebración ritual de las fiestas que no conmemoran sino que re-actualizan la creación dándole posibilidad de participar del tiempo inicial eterno. A la vez que esa experiencia le permite purificar el tiempo social y el tiempo individual pues lo que se aleja de lo sagrado mancilla el mundo y lo aniquila, al realizase el rito se efectúa un acto fundacional pues a quien se le recita el contenido divino queda proyectado en el manto de la divinidad, porque el fin del rito es enunciar el contenido del mito, que no es otra cosa que la narración de una historia sagrada, de un acontecimiento primordial que revela el misterio, habla de realidades, es verdad y realidad por excelencia, cumple la función de fijar los modelos ejemplares de todas las actividades humanas significativas generando un precedente con el cual puede hacerse un identificación, de este modo el rito es un recuerdo actualizado que hace manifiestos los principios y paradigmas de toda conducta. El rito en el hombre primitivo siempre tiene una intención religiosa y no empírica, “el retorno al tiempo sagrado no es un rechazo del mundo real, ni la evasión del ensueño y de lo imaginario, por el contrario es una obsesión ontologica” dice Eliade. 

¿Cómo se da esa transformación de las concepciones del tiempo sagrado al tiempo histórico? El mismo Eliade cita una investigación de Henry Charles Puech quien cita varios estadios: para los griegos, para Platón exactamente el tiempo que determina y mide la resolución de las esferas celestes es la imagen móvil de la eternidad inmóvil, que imita desarrollándose en circulo, por tanto el devenir cósmico y su duración es una sucesión indefinida de ciclos en cuyo transcurso la misma realidad se hace, de deshace, de rehace, conforme a una ley y alternativas inmutables. Para el judaísmo el tiempo tiene un comienzo y tiene un fin, superándose a la idea del tiempo cíclico, Yahvé no se manifiesta en un tiempo cósmico sino en un tiempo histórico, y cada nueva manifestación de el en la historia no es reducible a un a manifestación anterior, sus gestos son intervenciones personales en la historia, y no revelan su profundo sentido mas que para su pueblo, el tiempo histórico se convierte en teofanía.

Ya en el cristianismo por haber encarnado Dios y haber asumido una existencia humana históricamente condicionada, la historia se hace susceptible de santificarse, el cristianismo contemporáneo participa de un tiempo litúrgico, se incorpora a un tiempo en el que vivió el anécdota, pero ya no es tiempo mítico, el calendario sagrado reproduce indefinidamente los acontecimientos pero estos de desarrollan en la historia no en el origen. Tanto así, que el tiempo comienza de nuevo con el nacimiento de Cristo. Esto conduce a una teología, aunque la encarnación de Cristo tiene un fin trans histórico que es la salvación del hombre.

Henry Charles Puech cierra su análisis citando a Hegel de quien dice que toma la ideología judeo-cristiana y la aplica a la historia universal, el espíritu universal se manifiesta continuamente en los acontecimiento s históricos, convirtiéndose así la historia en totalidad, lo que el llama una teofanía, es decir, que todo lo que ha sucedido en la historia debía suceder así, porque así lo ha querido el espíritu universal, Hegel abre la filosofía historicista del siglo veinte que se constituye como un producto de descomposición o alejamiento del cristianismo ya que en sus narraciones se da un hecho histórico pero ese hecho histórico en cuanto tal deniega toda posibilidad de revelar una intención trans histórica, en la filosofía historicista el tiempo no es concebido como un circulo es desacralizado, se presenta como una duración precaria y evanescente que conduce irremediablemente a la muerte.

Al separar la experiencia humana en vivencia del ámbito de lo divino y del ámbito de lo profano siendo el rito el mecanismo para diferenciar dicha vivencia queda implícito que el territorio sufre también esa diferenciación, generándose especificidades para cada una de esas experiencias, para el hombre religioso primitivo la concepción del espacio tampoco es homogéneo, en él hay rupturas dadas por aspectos cualitativos, que marcan ciertos lugares con un carácter especial, bien sea porque allí los hombres sentían de modo mas fuerte la presencia divina o aparecían mediante esas hierofantas las señales de lo sagrado, algo así como el principio rudimentario de los altares, los templos o los lugares de sacrificio. Determinar esos lugares se hacia mediante diversos recursos, algunas veces por especiales manifestaciones de la naturaleza, la caída de un rayo, el nacimiento de agua, otras veces por cualidades dadas de modo mas subjetivo por el chaman, por ejemplo, liberando animales y señalando el sitio donde ese animal se posaba, o donde caían ciertas semillas, otras veces se determinaban según el nivel de armonía que esos chamanes sentían. 

Por el hecho de presentarse esta ruptura en el espacio, de escoger un lugar sagrado, o de que lo sagrado se manifestara en un lugar no solo se destruía la homogeneidad del espacio como lugar físico, sino que allí se revelaba una realidad absoluta dada desde lo divino y que por ende se constituía en fundante ontológico del mundo “en donde lo sagrado se manifiesta, lo real se devela, el mundo viene a la existencia” Eliade.

Lo importante de la determinación de esos espacios es que así se determinaba un punto fijo, es decir, se constituía como centro, como eje de la orientación espacial de la comunidad puesto que si la comunidad se desenvolvía alrededor de esa creencia, su espacio se organizaba alrededor de ese punto. Igualmente la construcción del centro hace metáfora a ser el lugar de lo creativo, de donde sale el mundo, por eso es considerado como un elemento fundante. Allí en ese sitio especifico se erige un elemento que pasa a ser monumento, es decir, allí emerge un objeto concreto que recuerda la existencia de lo sagrado, que es portador de esa significación, que cohesiona a una sociedad alrededor de un elemento absoluto poniendo fin a cualquier relatividad en la auto interpretación de esa comunidad. Tomado un elemento como algo objetivo en que basarse, elemento colectivo, cerrando la opción de configurarse desde experiencias subjetivas, es decir la objetividad de lo colectivo podía basarse en algo dado en la subjetividad del chaman, pero como él era un ser especial en conexión con lo divino ritualmente hacia de puente entre lo sagrado y el mundo, como metáfora a ese puente se instalaba allí un elemento vertical, un tótem que representaba mediante su dirección ascendente el paso entre lo terrenal y lo celeste, el tótem señala el centro, el ombligo del mundo a la vez que señala la puerta de entrada al cielo, a lo sagrado. La presencia de esa escultura consagra ese espacio, le da el carácter de lugar de lo sagrado, estableciéndose una configuración física concreta que representa un mundo ordenado, porque ese centro se convierte en un punto de partida hacia los cuatro puntos cardinales, ese ordenamiento del espacio con su respectiva carga simbólica dota a la comunidad de elementos mágicos de defensa contra el caos de un mundo desordenado, contra el peligro de los demonios y entidades malignas que acechan contra lo divino. Es mediante rituales efectuados en esos sitios que los hombres reactualizan sus conexiones religiosas y se asumen en la presencia de lo sagrado participando activamente de un mundo organizado, de un cosmos, con las virtudes y los valores de la creación primera de cuando lo real salía de la voluntad del creador.

Paralelo a la mirada que le otorga al rito la función de ser un instrumento religioso de conexión entre lo divino y lo humano, hay otra mirada que le designa como función ser un mecanismo de socialización. Al respecto Ernesto Gellner en su texto sobre los orígenes de las sociedades, en donde hace una relación entre la política y la antropología, anota “el modo que tiene una sociedad de impedir que las personas hagan una variedad de cosas que no son compatibles con el orden social del cual son miembros, es someterlas a ritos”, según él, esta premisa se constituye en una de las teorías básicas de la antropología social, que plantea que a través del rito se llegaba a un frenesí colectivo que ablandaba los sentidos y las voluntades, y ejercía un acto de sometimiento, de aceptación en lo social, de inclusión a través de la identificación o el temor. Entonces cada cultura de acuerdo a sus concepciones y paradigmas establecería diversidad de actos para manipular a la comunidad y establecer el poder, cada cultura tiene su propia religiosidad pero en todas ellas opera como rasgo fundamental la utilización del ritual, así mismo, cada cultura tenia su concepción de organización como sociedad y de sus interrelaciones con el entorno especifico, los rituales como sistemas de comportamiento ante un ideario definen un mundo social y una concepción de lo natural y restringen y controlan las percepciones de lo real y las conductas de tal manera que se fortalece lo social dentro de limites pre-escritos con ciertos contenidos normativos, al igual que con contenidos descriptivos de la organización.

Canclini “los ritos ocultan la heterogeneidad y las divisiones de los hombres representados, es raro que un ritual aluda en forma abierta a los conflictos entre etnias y clases y grupos. La historia de todas las sociedades muestra lo sitos como dispositivos para neutralizar la heterogeneidad, reproducir autoritariamente el orden y las diferencias sociales.”

Así como el rito da cuenta de una vida social, de una creencia con su conjunto de reglas para la realización del culto, de un objeto de culto dirigido a un fin especifico, de un modelo sea fetiche o paradigma que explicita o crea sentido, así mismo es necesaria la existencia de un sujeto que desarrolle un acto de fe. Si el sujeto no comulga con el rito, pero participa por conveniencia o por obligación impuesta por la sociedad a la que pertenece, o si ese sujeto a pesar de su fe realiza un intento fallido para participar de ese ideario realiza un simulacro, la relación entre rito y simulacro en alguna medida es inseparable, indisoluble porque esta dada en la capacidad de participación, en la efectividad y en la credulidad del individuo, una conexión entre lo que implica el rito y lo que se cumple en el sujeto.

En nuestro tiempo de lo que podemos ahora denominar rito, como un conjunto de reglas que normatizan el comportamiento social en el ámbito de lo urbano, muchos de ellos se convierten en solo una forma de relación debido a lo atomizado de las ideologías como código dominante o hegemónico, se conserva la forma pero su contenido desaparece, se va perdiendo el poder de convocación de fuerzas, entes, o conceptos, igualmente nuevas relaciones generan nuevos ritos, en la medida que cambia el contexto, las tecnologías y los imaginarios. Lo humano desarrolla ceremonias de acuerdo a las nuevas configuraciones de lo real, nuevos o viejos sean los paradigmas o los ritos, simples o complejas las reglas para su culto, profunda o superficial la sustentación de su ídolo o de su creencia, comprensible o no ese culto, el rito depende de ser realizado en verdad, un acto que se dinamiza y confluye más allá de un explicación lógica, racional, es tan inmediato que no permite cuestionamientos en el instante de realización, toda reflexión posterior seria critica, el rito requiere de un sujeto que comulgue, al igual en el hecho de hacer arte por el carácter mágico se da una conexión entre el hacedor, el concepto que busca y la eficacia de la imagen que concreta en un objeto, toda reflexión posterior seria estética. Actos motivados por una creencia, actos que a la vez posibilitan la existencia de la creencia, ciclo cerrado.

Desde otro aspecto ciertos ritos dejan de tener sentido porque su objetivo cambia, o desaparecen a partir de los cambios o transformaciones sociales, seguir realizando ciertos ritos en otros periodos históricos aun cuando ellos estén desconectados con el acontecer de lo real, es colocarlos escenificados teatralmente para preservar en la memoria a modo de recuerdo-espectáculo, un falseamiento, un simulacro. Lo agitado de los medios de información masivo han complejizado las nociones de identidad y origen respecto al territorio, respecto a la unidad cultural o a la pureza cultural, son los tiempos donde simultáneamente muchos modos de habitar de desarrollan, lo tras nacional opera, curiosamente todas esas fuerzas suman hacia un estilo hegemónico dado por el mass media, ante la globalización lo local corre el peligro de desaparecer o asume el peligro de instaurarse. Cuando todo se legitima pierde importancia el hecho de legitimar, de ser legitimado, de ser legítimo, todo participa de la industria cultural de acuerdo a la vitrina que puede pagar y a la corporación que lo publicita.

El para qué de lo ritual explora varios aspectos; por un lado cohesiona un grupo social brindando experiencias de inclusión y pertenencia, permite identificación y la proyección en el tiempo manteniendo una tradición, una memoria, ofrendando y expandiendo unas concepción de mundo, el rito da cuenta de esas concepciones, a través de el se establece y mantiene el sentido, lo humano realiza ritualidades para acceder a la fuerza evocada y ganar poder, en lo sensorial, en lo cognitivo, en lo espiritual, en lo político, es una fuerza y una claridad, es un arma de lucidez y a la vez que es un arma de alineación. 

Ahora la pregunta seria ¿Cuáles son las formas y las estrategias?, ¿Qué se debe evocar?, ¿a qué se le reclama presencia?, ¿mediante cuál signo?, llevado al nivel de la representación o de la presentación, ¿es un hallazgo o un fetiche? Se plantean varias preguntas o reflexiones acerca del símbolo y sus codificaciones, de su uso en el desplazamiento intercultural y sus resignificaciones. Las relaciones entre rito y cultura, entre rito y religión, entre rito y militancia, las relaciones entre la convocatoria y la praxis, la pregunta del rito como escenificación, como un ente abstracto de un culto.

En relación con el concepto de simulacro las preguntas que se generan son igualmente pertinentes; ¿Qué es un simulacro?, ¿Cuándo se da?, ¿Cómo y quienes lo realizan?, ¿Qué lo explica? Igualmente esas preguntas obvias se le formularan a la legitimación o deslegitimación del simulacro.

Para definir los contenidos implícitos en el concepto de simulacro debemos anotar que viene del termino simular que significa dar la apariencia de algo que no es, fingir, engañar, mentir, pero a la vez simular se refiere a imitar, reproducir, representar, son diferentes usos lingüísticos que rodean la utilización de este termino, a ese respecto Gianfranco Bettetini en su texto Por un establecimiento semio-pragmático del concepto de simulación, incluido en el libro Video culturas de fin de siglo, explica, “La historia de la expresión humana se ha dividido siempre entre dos proyectos fundamentales: el de reproducir por medio de signos materialmente diversos del objeto destinado a la representación y el de experimentar en cambio, las posibilidades de autonomía de los signos y de los lenguajes que lo estructuran, para producir significados de algún modo motivados por los objeto s o incluso independientes de ellos”. Lo cual ubica en concepto de simulación en el ámbito de la representación y a la intención del lenguaje y de buena parte del arte de reproducir o expresarse acerca de lo real. Bien sea porque ha sabido remover o sublimar ese real. Así señala un actualidad de entrecruzamiento para el signo icónico, entre la instancia reproductiva con las problemáticas que fundan el aparato expresivo puesto en acción “por muy autónomo que pueda ser un lenguaje, su sistema y sus elementos deben de algún modo conservar cierto tejido de relaciones con la realidad, para no dispersarse en las sombras de la insignificancia: sobre todo cuando esta realidad -como en el caso puesto en evidencia por la simulación- es la del lenguaje mismo, de sus modalidades de funcionamientos, de sus operaciones de mediación representativa y cognoscitiva” , así diferencia perspectivas semánticas de la simulación en la medida que por un aparte se entiende como el hecho de “construir significados adecuados a los referentes de su performance expresiva; simulación como imitación, analogía o como representación”, pero contrariamente señala casos en los que el lenguaje no se adecua de manera intencional respecto a lo que se refiere, simulación como engaño.

Pero a nivel del lenguaje no todo se detiene en una reproducción de la realidad para expresarla representándola o para ocultarla engañando. Existe también “un universo expresivo de ficción al cual pueden faltar referentes y objetualidades correspondientes a la presentación”, se refiere a lo que él llama composición fantástica implícita en todas las formas de arte y que constituyen un mecanismo de invención y de configuración de los imaginarios. Curiosamente Bettetini dice “aquí la simulación como corrupción de lo real puede indudablemente ser implícita y puede incluso dominar la misma producción de sentido…pero no porque el universo al cual la manifestación discursiva remite es inexistente…es el universo semántico propuesto el que no se adecua a ninguna manifestación de la realidad” y digo que es curioso porque según Eliade en su estudio sobre el rito distingue la pureza entre un mundo sagrado proveniente de lo divino y un mundo profano alejado de esa pureza, en estado de corrupción, lo cual liga el rito y el simulacro en el ámbito de una categoría moral a la vez que de una instancia de lo ideal, abstracta y soñada traída al plano de lo concreto mediante los recursos de lo artístico.

Referida la reflexión de Bettetini el problema de la simulación en esa dualidad entre la representación de la idea, y a la vez la de construir una estratagema que finja, entonces define el acto de simular, el simulacro, como “la construcción ficticiamente sustitutiva respecto a la realidad, vale” como “ la misma realidad, sobre todo si le es contemporánea o si sus tiempos de aparición están de todos modos estrechamente coligados con los del objeto sustituido: porque la raíz “simul” significa también “no apenas” , “en cuanto que”, “inmediatamente que” y remite tanto a la obvia, inmediata simultaneidad, como a la apremiante y compacta consecutividad”.

otra manera de utilización del concepto de simulacro se refiere a la posibilidad de representar una acción o una situación para entrenar un comportamiento adecuado en caso de presentarse esa situación como hecho real, usualmente previendo posibles catástrofes, es quizás el refinamiento máximo de paranoia colectiva, de un miedo implícito ante la certeza de saber que algo no esta bien y en algún momento va a estallar, bien sea por la emergencia que nos cauce la naturaleza por si misma o debido a nuestro fatídico comportamiento ambiental o bien sea desde causas políticas por nuestra desequilibrada estructura social, pero para no ser tan radicales señalemos que el simulacro también se refiere a los procesos de diseño de ciertos objetos industriales o de ciertos procesos científicos en los cuales se realiza un prototipo experimental para en el probar y verificar su función, su uso, su eficiencia, se trata de concebir un modelo anteriormente inexistente y desarrollar mecanismos para llegar a la concreción de ese ideal.

Entonces el simulacro tiene que ver con la existencia de un estereotipo, una convención que es fingida o falsificada, el simulacro intenta representar y esa representación esta referida a la existencia de un modelo que seria un original y que la tradición metafísica cualifica como bueno, mientras que el simulacro llegaría a estar en el nivel de la copia. Según Gilles Deleuze en La lógica del sentido dice “las copias son poseedoras de segunda, pretendientes bien fundados, avaladas por la semejanza; los simulacros son como falsos pretendientes, construidos sobre la disimilitud, que implica una perversión y una desviación esenciales”, el simulacro acepta la subordinación al modelo o discurso que pretende fingir, no pretende ser cosa distinta al modelo, lo imita, lo aparenta, podría verse como la incapacidad de replantearse frente al modelo. Pero también podría verse como la manera de encontrarse y expresarse fluidamente en lo social. Desde allí el simulacro es una representación que sin ser la cosa, la evoca, o que transforma para que parezca ser lo que no empata del todo con el modelo, no lo sustituye, o que si tienen la forma del estereotipo, no tiene esa conciencia de ser el modelo, no sabe claramente que significa.

Más allá de esa mirada moralista acerca del original y la copia y ubicándose en las explicaciones de la cultura contemporáneas Jean Baudrillard establece tres órdenes de simulacros:

La primera falsificación aparece en el proceso de secularización de la cultura y con la perdida de jerarquía de la aristocracia como clase dominante y el ascenso de la burguesía como clase de control de las relaciones económicas y por ende de empoderamiento. Esta burguesía no crea unos códigos ni unos signos propios que la definan y caractericen dentro del contexto social, sino que asumen las formas culturales que identificaban a la aristocracia, generando un ambiente simulado expresado por una especie de teatralización en las formas de representación simbólicas, imitan el estilo tanto de sus objetos como de sus trajes, sus gestos, buscando una pose que les reconozcan estatus y les legitime su manejo de poder y la acumulación de los recursos económicos.

El simulacro de segundo orden se da en el momento de la revolución industrial y su paradigma de producción serial y maquinita, así se implantan nuevos signos sin tradición de casta, que no habían conocido jamás las restricciones de estatuto y por ello no tienen que ser falsificadas, debido a que son producidas en forma masiva, ya no ostenta las cualidades de una singularidad y originalidad como un valor agregado, son productos de un mundo que siendo serial izado pretenden innovar cada vez mas, hacen un corte con el pasado intercambiándose prontamente, haciéndose obsoletos y siendo reemplazados por nuevos paradigmas o nuevos modelos a los cuales cada vez todo el mundo tienen acceso, la legitimación en el estatus social ya no es dada por un poder sobrenatural, sino por el acceso económico a la cosa que da el estatus como manto, con el cual se produce una mimesis que manifiesta un empobrecimiento simbólico, cada quien no busca los elementos que lo caractericen , lo representen y los distingan, sino que va a la factoría y los adquiere pudiendo cambiarlos a libre albedrío, quedándose en una forma externa que ostenta un vació interior. Baudrillard dice que se rompe la relación original-copia, modelo-falsificación, no se trata de ni de analogía, ni de reflejo, sino de pura equivalencia, pues en la serie los objetos se vuelven simulacros indefinidos los unos de los otros y con los objetos los hombres que los producen y los usan.

El simulacro de tercer orden lo configuran nuevos signos dados por el paso de un mundo maquínico a un mundo telematizado, el esquema dominante es la simulación abiertamente, es la perdida de todo referencial real, “es el ascenso de vertiginoso de lo signico que suplanta de ahora en adelante toda lógica del intercambio económico y del valor de uso, no se trata de imitación ni de reiteración, sino de una suplantación de lo real por los signos de lo rea. Es un mundo que se va configurando cada vez mas alejándose de una concepción proveniente de la ciencia ficción, adelantos como el código genético, los cambios físico corporales, la fertilización in Vitro, las clonaciones, el sexo por teléfono, el darse otro nombre en un correo electrónico, una realidad mas cercana a la prevista por Huxley en su mundo feliz.

Es interesante la relación de habitar, el instalarse en un sitio geográfico concreto y transformarlo en un lugar, apropiado por ciertos modos de vivir, por las convenciones llamadas cultura, dadas bien sea por condiciones especificas de la geografía, clima, biodiversidad, contexto natural o bien sean dadas por un constructo mental del imaginario fantasioso, o de las observaciones reflexivas sea de la razón o desde otras lógicas. L a cultura entendida como el entretejido de situaciones provenientes de lo real y de la ficción, o de la maraña tecnológica industrial moderna que como prótesis indisoluble ya pertenece al ámbito de lo cotidiano en este cambio de configuración del entorno. Reconocer que el territorio corresponde al contenedor de configuraciones de realidad, primitivas, naturales, orgánicas, en superposición de otras realidades mecánicas, electrónicas, magnéticas, que han construido los axiomas posibles entre realidad y virtualidad.

Es necesario ahondar en los modos como lo humano despliega sus saberes actuales, sus técnicas instrumentales sobre el mundo y construye narraciones simbólicas que intentan explicar su sentido, como especie y como individuo, en un habitar que debería propender al equilibrio en términos ambientales, de relación con otros individuos y en relación con el legado o la historia que cuenta de su pasado y su modo de haber recorrido el camino que lo trae hasta su presente y le implica actuar en el futuro.

Respecto al territorio atrae el hecho de ser tomado como objeto de valor, revestir sobre el un valor, de hecho entorno es tomado como tesoro por el humano debido a que de el provienen los elementos necesarios para poder subsistir, por ser especies igualmente provenientes de la naturaleza. La cual garantiza que la historia de la especie humana, sea maravillosa o fatídica, se desarrolle, potencializa que va a existir, que realmente va a suceder y en ella se narrar incluso la desaparición de lo humano. Ese valor esta ligado a lo trascendente en la medida en que lo que se despliega es la relación muerte-vida, pero además de esos valores intrínsecos, el territorio genera diversidad de valoraciones y jerarquías con las que se estructuran las relaciones con los otros y con el contexto, en juegos cargados por el poder o la necesidad de influir o afectar y determinar el curso de esas valoraciones inventadas, esas cualidades agregadas del territorio tomado como objeto de valor en si, a ser tomado como objeto de poder en la estructura mental racional de un mundo industrializado.

Aunque el paisaje se puede describir, hacerse objeto plástico, en diversidad de estilos de representación, realista, surrealista hiper-realista, etc., pudiéndose obtener narraciones objetivas, fidedignas o fantasiosas, esas formas de descripción implican en cada individuo una interpretación filtrada precisamente por el ser un sujeto, un individuo, lo cual genera innumerables variaciones sobre la percepción del objeto, por tanto variaciones en la utilización del espacio, cada quien vive a su modo el territorio.

Nuestro contexto colombiano sufre transformaciones desbordadas en el paso de lo rural a lo urbano, tenemos a la vez grandes urbes, con sobre dimensionadas concentraciones humanas como en el caso de bogota, lugar de lo cosmopolita y del encuentro interregional interno, del entrecruzamiento, del intercambio de mercancías, de informaciones, de relaciones. A la vez existen lugares completamente selváticos y montañosos en los que la civilización y las tecnologías son ajenas, en medio de esos extremos se dan varios tipos de configuración, de lo agreste por la domesticación campesina a la enajenación urbana.

Si bien el espacio en lo primitivo se organizaba a partir de un centro, en la contemporaneidad se vive otro tipo de configuración espacial, las ciudades cada vez fueron creciendo alrededor de ese centro que paso a convertirse en una plaza publica, plaza vacía dentro de la retícula urbana en donde se desarrollaban gran parte de las actividades de la estructura social, allí tenia lugar el comercio de mercancías, la realización de encuentros ciudadanos de diferentes tipos, ya que en el marco de la plaza se ubicaban las sedes de las instituciones políticas y religiosas, el tótem fue reemplazado por las estatuas conmemorativas de los héroes y próceres, hasta el siglo veinte la plaza seguía siendo el espacio activo de lo común, lugar de la comunicación. La mayor concentración humana en las ciudades genero una expansión inmensa de la malla urbana que crecía cada vez más con el establecimiento de viviendas en las zonas periféricas, las distancias se acrecentaron generando en diferentes lugares de la ciudad nuevos centros, fragmentándose la ciudad. Al respecto Juan Carlos Pergolis dice en el texto Deseo y Estética del Fragmento en la Ciudad Colombiana: “La estética fragmentaria de la ciudad surge desde dos premisa; la primera se refiere a la confrontación de dos maneras de relacionar las partes con el todo: Una basada en el pensamiento de la modernidad, ve la relación todo-partes como un sistema lineal y cerrado, en el que las partes y la totalidad se explican mutuamente. La otra, enfatiza la independencia de las partes fuera de un pretendido todo, la segunda premisa propone considerar a la ciudad como el escenario para los acontecimientos: es decir, el marco para los relatos urbanos que se construyen cuando la ciudad es capaz de satisfacer un deseo de sus habitantes”.

Sobre todo porque en las ciudades se suman cantidades de gentes provenientes de otros lugares con otras costumbres que se suman a los habitantes oriundos de allí; lo cual genera unas culturas de lo heterogéneo, que implicaba que cada ciudadano, cada grupo, desarrollaba su ideal acomodando de diversas maneras el espacio. “El origen de la intención fragmentaria lo encontramos en el reemplazo de los grandes sistemas ideológicos por el actual individualismo, que llevo a la sustitución de las utopías colectivas, propias del pensamiento social, por una enorme gama de fantasías individuales sin un hilo rector que las conecte”.

Así mismo la aparición de las nuevas tecnologías de comunicación que diluyen a lo mínimo la utilización del tiempo para conectarse , esto genero en el manejo del espacio otras formas de relación que permitían estar mas disgregado, se destruyen las relaciones ciudad-campo y centro-periferia, reorganizándose las relaciones de vecindad, son tan fuertes los medios de comunicación masivo que hacen que el habitante promedio desde su hogar se informe ávidamente acerca de todo, incluso de la actividad política que tenia en la plaza su lugar mas fuerte de expresión, así poco a poco la plaza central se despojo de función apareciendo nuevos centros son sus configuraciones formales y con sus actividades propias. Armando Silva confirma esta tesis en su articulo Sin Centro del catalogo Arte para Bogota “La ciudad pierde también su centro con la simple constatación de que sus tamaño, en especial los de varias ciudades americanas del norte y del sur, impide mantenerlas con un solo centro, pero también porque nuevas formas de comunicación ciudadana como los medios en especial la televisión y la electrónica, como el computador y todos sus derivados, hacen que se viva mas la ciudad como satélite donde cada quien se reubica según sus necesidades y opciones”.

De nuevo Pergolis anota “nuevos escenarios que conforman nuevos tipos arquitectónicos y urbanísticos en la actual ciudad colombiana y de gran aceptación en el gusto de las distintas clases socioeconómicas: el centro comercial y el conjunto cerrado de viviendas localizado en la periferia. Ambos expresan la particularidad de el espacio publico urbano con sus condiciones de lugar, de permanencia y encuentro…ir al centro comercial es meterse a un mundo construido a partir del gusto estético actual, un escenario que satisface deseos y concreta los relatos de la ciudad de hoy, de allí surge su importancia como fragmento con sentido en el nuevo espacio urbano, aunque se trate de un ámbito extraterritorial que no esparte de la ciudad ni permite referencias cercanas el centro comercial se cierra al exterior, es como una cápsula o container caído del cielo, que puede estar en una manzana de la trama o en un descampado periférico en cercanías de alguna autopista…a diferencia de la plaza el centro comercial no busca explicar el centro como parte de la ciudad. Puesto que el mismo pretende ser centro…ya que como fragmento vale por si mismo…se convierte en un objeto-monumento hacia fuera y en una cápsula-confort en su interior…en el centro comercial tampoco hay espacios para el poder o el culto, al nuevo centro no van las instituciones gubernamentales, el único poder que se manifiesta es el consumo”. Ante esta mirada podemos citar de nuevo a Silva quien cuestiona de otra manera la función del lugar centro “el mito del centro puede ser uno de los mas controvertidos en la revisión de la modernidad, se pensó que la caída del socialismo soviético y el fin de la guerra fría darían lugar a los gobiernos de centro, inspirados en las democracias occidentales, de donde se exportan ideologías como aquellas de ser combatientes del centro, pero esta ilusión también llega a su fin. El espíritu humano se mueve entre dos polos, y el centro es apenas un lugar de transito y pasada. Varios debates en relación con la logocentria, con la búsqueda de sistemas de expresión distinto al logos de la razón lingual, como distintas expresiones del arte en las ultimas décadas, conllevan a un cuestionamiento frontal del centro como equilibrio y lugar ideal de llegada”.

Esta nueva configuración urbana irremediablemente genera nuevas formas de asumir el territorio creando otras formas de ritual ya alejadas de practicas religiosas y más bien como conjuntos de reglas establecidas para el culto de ceremonias instauradas por el consumo, la moda y la inclusión social, actos celebratorios que difícilmente se sabe si son ritos que salen del interior de los habitantes o son simulaciones impuestas por la publicidad y los medios de comunicación.

La ciudad colombiana no se escapa a la mirada semiótica que explica su configuración y su estructura, que la narran desde una primera perspectiva; la constituye la ciudad construida obedeciendo a las necesidades que determinan el objeto-ciudad antropométrico, cuyas formas y demás características físicas responden al uso de los humanos en la satisfacción de sus funciones básicas: espacios para desplazarse, senderos, autopistas; espacios para descansar, asientos, parques y plazas; constructos para penetrar o salir de los espacios, puertas y ventanas; constructos para relacionarse, centros comerciales; o para sustraerse, apartamentos.

Estas necesidades funcionales de la ciudad determinan la presencia de los sistemas de servicio público, y hacen de ésta una ciudad “maquina y utilitaria” a favor de lo urbano exclusivamente, olvidando que su funcionamiento debería sincronizar también con las otras especies, armonizar con el medio ambiente. 

La segunda perspectiva, corresponde a la ciudad mirada desde lo estético, desde lo signico. Lo estético entendido como las relaciones entre las formas y los contenidos; a la manera como toman forma, se configuran y se concretan los conceptos en el mundo real. Una estética que contemple lo bello pero que sobrepase la totalidad de posibilidades que se pueden expresar o concebir a través de la plástica. 

La ciudad desde aquí se asume como un gran espacio museal, con la particularidad de que su colección no esta vetada para ser tocada, su colección, la ciudad misma, le implica ser leída en sus síntomas y señales y ser usada constantemente por esencia, pues la ciudad es noción de lo simbólico, de lo dinámico y de lo icónico, elementos fundamentales en la construcción urbana que posibilitan la comunicación y a su vez el consenso, tanto en la concepción del mundo como en sus estrategias operativas, y primordialmente en la configuración de las narraciones depositarias del sentido. “La ciudad se extiende hacia un sentido de museo. Bien porque hay que entenderla toda como factor de conservación en el buen sentido de guardar una tradición arquitectónica o estilística de bienes materiales, o bien en el sentido de hacer de la ciudad un escenario para presentar y vivir el arte… se puede decir que ha habido en los últimos años una renovación del simbolismo, en perjuicio de las teorías estructurales con base en las que fueron concebidas la ciudad y el arte por varios años durante el siglo veinte. De esquemas rígidos y funcionalizables pasamos a modos abierto de representación; de metáforas lingüísticas a efectos de las culturas en los modos de entender los rasgos de la creatividad. La ciudad y el arte pueden ser entendidos desde una valoración estética ese hecho ya los hace estrechamente familiares; pero, a su vez, los acerca en sus modos de actuar, ya que el arte y la ciudad simbolizan dos de las pocas esperanzas sobre los cuales el hombre hoy puede proyectar su futuro … creo que esa forma de trabajar para ver la ciudad como una construcción simbólica guarda un íntima relación con las ideas descentradas que lidera el arte hoy; pues la ciudad vista como creación imaginaria, se enriquece en sus testimonios territoriales, que son vividos como centro de un marginalidad o mas bien, como una nueva constelación y por esta vía, es como se teje la re-familiaridad del arte y la ciudad en las postrimerías del siglo veinte”

Conectada a la construcción del sentido desde un carácter estético y signico se halla una tercera perspectiva sobre lo urbano, tomando la ciudad como escenario, el escenario donde lo humano despliega sus roles, su teatralidad de vivir en función de sus preguntas interiores y sus correlatos en las relaciones sociales; la ciudad es el lugar donde el hombre ejecuta su acto y despliega su sentido, es el espacio para ser.

La vida cotidiana en lo urbano esta matizada por el exceso de información, la multiplicidad de estereotipos y modelos para vivir, las sociedades del consumo son acechadas y afectadas por lo múltiple y lo simultaneo, lo cual híbrida y yuxtapone las identidades, genera preguntas acerca de lo autentico en un momento histórico en donde los orígenes se diluyen, todo se mezcla y acondiciona. Esas circunstancias impuestas por este mundo convulsionado le implican al sujeto de hoy ubicar su propio sentido, dotando o encontrando la armonía y la vida que habita a los objetos naturales y artificiales de la ciudad, enriqueciendo su propio existir desde nuevas lecturas posibles, ser conciente cuando se encuentra a si mismo o cuando esta alienado, esos roles dados por lo urbano constituyen los actos parateatrales del individuo citadino no es teatro propiamente dicho, pues no lo desarrolla una conciencia artística que a través de la construcción de un personaje se ubica a si mismo, pero no deja de ser pseudo-teatral, porque aunque siendo un acto inconsciente, busca una forma que le garantice la inclusión social, un pseudo-personaje de lo aceptado y lo socialmente codificado como normal. Dentro del sujeto se presentan convulsionadas batallas interiores acerca de sus preguntas ontológicas, acerca de su sentido, sus identidades, entrecruzamiento de sus deseos, sueños, fantasías y miedos, desde lo espiritual y lo psicológico continuamente se debaten procesos por aprender.

Habitar una ciudad funcional, estética y teatral es establecer y desarrollar un sinfín de ritos para el apropiamiento del lugar y de la conexión con otros individuos, algunos de esos ritos serán intrínsecos en el individuo, otros serán simulados. Aparece una pregunta importante acerca del sujeto; la relación con su propio interior y con su contexto, son su ser social, ¿Cómo es que el individuo accede a la participación en el rito?, esa aceptación del código, del grupo que la estructura y da sentido. En cada sujeto esa premisas o esos fines se dan como el código implica o manda o establece, o todo sujeto participa de modo implícito en le rito en el que él se origina y es sustentado en su crecimiento, su contexto inmediato determina condiciones pero hay algo propio de cada quien que determina su particularidad y su especificidad. ¿Cómo hace el sujeto desde su particularidad para establecer relaciones con los otos y poder armonizar o desarrollar actividades en donde implica sumar esfuerzos para metas comunes? ¿Cómo establece el conjunto de reglas, de acuerdos, de concesiones para la vida en comunidad? Un sujeto que junto a otros sujetos habitan territorios constituyendo en cultura sus modos de vida, sus invenciones instrumentales y sígnicas para instaurarse, para prevalecer.

El sujeto se vivencia a si mismo desde su cuerpo, conciencia de fisicalidad, de ser materia orgánica, que seduce y que se pudre, que logra una funcionalidad con el mundo, cuerpo maquina, sistema, estructura en función de contexto, cuerpo vehículo que le desplaza sobre el territorio, cuerpo viviente lleno de energía que imprime la especificidad a cada cuerpo. Allí el cuerpo es revestido de contenidos y valores provenientes de las relaciones sociales y del imaginario que responde frente a las preguntas por lo real. Es entonces que aparece la noción de cuerpo como elemento desencadenante de las tensiones contemporáneas de exploración de lo real y el sentido, pues el cuerpo es una instancia directa es el espacio primero del sujeto, es el limite y la expansión del limite a la vez, precisamente el valor del cuerpo radica en que es con el cuerpo o mediante él que un individuo puede desarrollar acciones que replanteen los juegos de fuerzas que operan sobre lo real, es a través del cuerpo que emerge el acto humano como acto político y lo hace radicalmente, puesto que si en aras de un fin desaparece el cuerpo, lo que se evapora es la vida.

Así entre lo social y lo intimo, el sujeto recorre territorios estableciendo los limites entre publico y privado, respondiendo a su intuición, educado en la razón, aterrado en el desconcierto que le depara lo real, referenciándose con la otredad, tratando de explicarse un sentido, algo que le llene el vacío hacia lo trascendente, que en las sociedades de consumo puede ser reemplazado por la felicidad que da vivir subsistiendo acomodadamente.

En esos procesos comunes de habitabilidad se presenta la ritualidad o la elevación en culto de unos valores, representados en formas acordadas conciente o inconscientemente, llevados a la escena de lo cotidiano y puestos a prueba como instrumental operativo sobre el mundo. Se construyen juegos de roles, con la participación de personajes modelo que representan ciertas ideologías o cierta idealizaciones, acerca de qué es ser sujeto y de qué es aprobado y admirado socialmente, hacia dónde debe tender lo colectivo, aparecen las imágenes del héroe, el santo, el guerrero y el líder, cada cultura construye su estereotipo idealizado, de algo o alguien que va a cambiar el mundo, va a ser ejemplo, paradigma, va a afectar la vida en comunidad afectando lo social y por ende constituyéndose en factor político, que hilará la historia revelando el misterio antropológico que dará cohesión y coherencia a un mundo organizado desde lo sociológico y lo ambiental.

Es en el marco de una sociedad en conflicto que aparece esta búsqueda estética denominada Rito y Simulacro, determinada por un estado de lucha social, de militarismo y miedo, de la muerte como salida violenta a un estado de incomprensión y perdida de una posible ley. Situación dada en la reestructuración de respuestas ante la pegunta por el rol del tercer mundo, de la dificultad de resignación ante la pobreza y ante el descreimiento el los paradigmas de manipulación del poder por el modelo occidental. Un tiempo de agresión en donde la necesidad imperante de subsistir justifica todo tipo de dinámicas para el levantamiento o el sometimiento, lo cual polariza y agrava el panorama para lo que se espera en el futuro próximo.

Aparece la pregunta acerca de ¿Cuáles son los imaginarios que se activan en el terreno de lo urbano d de un a sociedad en conflicto? ¿Qué significaciones, qué relatos se constituyen en estructuradotes de sentido y cohesión sociocultural? ¿Cómo es que lo creativo deviene en la fluidez de la salida a estados de tensión a través de un imaginario que resuelva las instancias del sujeto en su autodeterminación e instancias sociales de entendimiento del mundo y el momento histórico?

Nuestro transcurrir como cultura, como pueblo, ha sido el desconocimiento de elementos de origen y la implantación de formas foráneas que se arraigan a golpes de coloniaje, siguiendo en lo posible fielmente de repetir o parecerse al modelo de occidente para no caer en el pecado o en la posibilidad de ser marginado por no parecer un producto de un mundo de avanzada, de vanguardias que usa el saber y la ciencia, esto dicho a sabiendas que para occidente la idea de vanguardia desaparece como discurso a mediados de los ochentas. William Ospina en el texto ¿Dónde esta la Franja Amarilla? Escribe” la sociedad colombiana se funda en el ejemplo de la revolución francesa y en la declaración de los derechos del hombre, lo mismo que en sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad…nadie procede de una revolución distante y nadie puede simplemente ser hijo de su ejemplo, una revolución se vive o no se vive, y la pretensión de heredar sus emblemas sin haber participado de la dinámica mental y social que le dio vida, sin haber conquistado sus victorias ni padecido sus sufrimientos, no es más que una sonora impostura, nuestra historia suele caracterizarse por esa tendencia a pensar que basta repetir con embelezo las palabras que expresan una época para ya participar de ella. Basta que gritemos, liberté, egalitè , fraternitè, para que reinen en nosotros la luminosa libertad, la generosa igualdad, la noble fraternidad, pera que ya hallamos hecho nuestra revolución, pero en realidad nos apresuramos a proferir esos gritos para evitar que llegue esa revolución y para simular que ya la hicimos…desde el descubrimiento de América, Colombia ha sido una sociedad incapaz de trazarse un destino propio, ha oficiado en los altares de varias potencias planetarias, ha procurado imitar sus culturas y la única cultura en que se ha negado radicalmente reconocerse es en la suya propia en la de sus indígenas, de sus criollos, de sus negros, de sus mulatajes y sus mestizajes crecientes”.

Aunque el mundo tiende a la globalización hay que atender a la mirada no lineal de la historia, el descreimiento de la categoría de único verdadero sobre el modelo occidental que nos ha narrado un ideal, un meta discurso a seguir, la mirada trasversal sobre los pueblos y sus posibles historias, sobre sus historias posibilitadas, legitimándose otras maneras de entender y vivir la realidad, la reclamación por una comprensión de la historia que reviva el pasado extrayendo su claridad, actualizándola y activándola en un ahora contextualizado que pueda elaborar lo necesario para posibilitar futuro, una historia visionaria cargad de memorias con la capacitas de reconocer como ciertos la diversidad de acontecimientos.

Ante un mundo que ve desplomarse los enunciados de la modernidad, los ideales de progreso, justicia y equidad a través de lo industrial tecnológico se inicia necesariamente el proceso de reconocimiento de cada particularidad, es allí donde cada cultura debe activarse permitiendo imaginarios de apropiación y proyección que den cuenta de las configuraciones y concepciones que lo real abarca y cómo es entendido en cada cultura especifica. Ospina “después de que fuera ahogada en sangre la experiencia magnifica de la expedición botánica a reconocerse en su naturaleza, por ello ahora paga las consecuencias de su inaudita falta de carácter, a permitido que sean otros pueblos los que le impongan una interpretación social y ética de algunas de sus riquezas naturales, ha asumido el pasivo y miserable papel de testigo de cómo la lógica de la sociedad industrial transforma por ejemplo la hoja de coca en cocaína, la consume frenéticamente, irriga con su comercio la venas de su economía y finalmente declara a los países que la cultivan, la procesan y venden como los verdaderos responsables del hecho y los únicos que deben corregirlo, así un problema que compromete la crisis de la civilización, la incapacidad de la sociedad moderna para brindar serenidad y felicidad a sus muchedumbres, el vació ético propio de una edad que declina, y la necesidad creciente de esta época por aturdirse con espectáculos y sustancias cada vez más excitantes, es convertido por irresponsables gobiernos y por imperios inescrupulosos en un problema de policía”.

El resquebrajamiento de los meta discursos, la multiplicidad de historias genera un contexto más complejo debido a que las dinámicas humanas, las influencias entre grupos, los entrecruzamientos, cada vez más hibrídan las nociones de unidad como algo cerrado y pureza como algo que viene de origen sin mezcla, de las historias particulares, en verdad se esta ante la difícil situación que quien mas tenga poder sobre los medios de comunicación, más lograra implantar historia, se vuelven difusos los conceptos de origen, identidad y territorio, debido al espectáculo de lo cotidiano a través de los mass media que presenta todo sobre iluminado y espumeante, visto así la historia no provendría ni de un pueblo ni de un lugar sino de una factoría televisiva. En medio de tantas emisiones de discursos aparentemente todos tan llamativos y tan ciertos, aparecen necesariamente las preguntas por la legitimidad, ¿Quién legitima hoy en día algo que pueda ser tomado como paradigma? ¿Desde qué instancias es legitimado? ¿Qué y cómo es legitimado entre lo real y las ficciones, entre lo real y lo virtual, entre lo oficial y lo marginal, entre lo narrado o reconocido y lo excluido?

Canclini cita de Roger Bartra ( La Jaula de la Melancolía) “los mitos nacionales no son un reflejo de las condiciones en que vive la masa del pueblo, sino el producto de operaciones de selección y transposición de hechos y rasgos elegidos según los proyectos de legitimación política” a lo que Canclini complementa “ingresar en un museo o en una escuela y entender lo que allí se expone son más que ritos de iniciación, ritos de legitimación y de institución, instituyen una diferencia entre quienes participan y quienes quedan afuera…Pierre Bourdieu observa que tan importante como el fin de integrar a quienes lo comparten es el de separar a los que se rechazan…el ritual sanciona entonces en el mundo simbólico las distinciones establecidas por la desigualdad social. Todo acto de instituir simula, a través de la escenificación cultural… todo acto de institución es un delirio bien fundado decía Durkheim, un acto de magia social decía Bourdieu”

Aplicado al territorio colombiano Ospina señala “buena parte de nuestra agresividad es debilidad y estupidez, así como nuestra crueldad corresponde a una penosa falta de imaginación (no tenemos entonces ninguna virtud) creo que tenemos muchas, pero la verdad es que solo las advertiremos cuando reconozcamos nuestros defectos. Uno de ellos es la simulación, es un defecto que nace del sentimiento de inferioridad”

La dicotomía rito-simulacro podría verse como una relación de contrarios dependiendo del grado de conciencia o conexión en el sujeto que lo realiza, o del nivel de pertinencia del rito en una comunidad. Pero también se podría ver la relación de modo que simular fuese una especie de rito, como un genero y no como una equivocación o un intento fallido o una falsificación, sino un fin en si mismo que construye su instrumental, que establece ritualidades.

Lo uno obedecería a preguntas sobre la identidad, el origen, lo ontológico, lo otro obedecería a unas sociedades que toman lo cultural como industria, entendiendo eso como la masificación de la tendencia a la espectacularización de la memoria o de lo cotidiano, a través de una estetización, donde la comercialización de culturas, su fácil intercambio genera otros conceptos sobre la idea de arte, sobre el objeto vestigio, sobre el objeto fetiche. Donde lo funcional y lo simbólico entran frágilmente en un terreno en el cual por exceso de semiótica todo corre el peligro de dejar de decir o de desbordarse en el ruido que genera todo hablando al tiempo.

Simulacro tiene que ver con representación, pertenece al ámbito del arte, pone en duda cualquier moralidad acerca de si es un mecanismo útil para llegar a la cosa imaginada, o si es un engaño, una falacia, el arte no sabe si es bueno o malo, en el arte todo se vela y se devela con demasiado misterio, presenta aquello que con el engaño intenta mostrar algo ausente, la representación como medio para una presencia tácita. Para preguntarse por el simulacro mas allá de la representación fingida, hay que ir hasta el rito o el modelo, encontrar su sentido y configuración para saber si el simulacro vela o devela, acerca de él como acto de artificio, como constructo, como representación, conceptos que de nuevo lo llevan al plano del arte, el arte como acto de construcción de representaciones o de presentaciones de lo real y de lo imaginario. Se emprende una búsqueda arqueológica y creativa alrededor de los objetos artísticos o no, empleados en el rito y en el simulacro, objetos de culto, objetos de engaño, objeto que simula lo legitimo de un culto, objeto que disimula el vacío de un culto.

Se abre la pregunta al papel del arte en la configuración socio cultural, el rol que asume o se le asigna como elemento que aporta lucidez o que se presta para dominación alienante, es un arma de doble filo que dependería de la ética del artista, pero que depende también del circuito en el que se inserta. Dice Canclini “la identidad cultural se apoya en un patrimonio constituido a través de dos movimientos: la ocupación de un territorio y la formación de colecciones… las identidad tiene un santuario en los monumentos y colecciones que reunen lo esencial. Los monumentos presentan la colección de héroes, escenas y objetos fundadores. Se colocan en un plaza, en un territorio publico que no es de nadie pero es de todos… el territorio de la plaza o el museo se vuelve ceremonial por el hecho de contener los símbolos de identidad… aluden al origen y a la esencia…los monumentos y museos se justifican como lugares donde se reproduce el sentido que encontramos al vivir juntos… e autoritarismo conservador a los sectores sociales no evita que el patrimonio sirva como lugar de complicidad. Disimula que los monumentos y museos son con frecuencia, testimonio de la dominación más que de un apropiación justa y solidaria del espacio territorial y del tiempo histórico…las marcas y los ritos que lo celebran hacen recordar aquella frase de Benjamín que dice que todo documento de cultura es siempre, de algún modo, un documento de barbarie”.

Es ya sabida la confrontación dada entre el arte como conservador de ciertas formas culturales a través del folclor o el apegamiento al clasicismo, o la renovación de maneras de cultura a partir del paradigma de innovación por lo creativo impulsada por la modernidad. Respecto as esa conservación Canclini anota citando a Bourdieu “la consigna que sostiene la magia preformativa del ritual es “conviértete en lo que eres” tu que has recibido la cultura como un don y lo llevas como algo natural incorporado a tu ser, compórtate como lo que ya eres, un heredero, disfruta sin esfuerzo de los museos, de la música clásica, del orden social. Lo único que no puedes hacer, afirma el tradicionalismo cuando lo obligan a ponerse autoritario, es desertar su destino. El peor adversario no es el que no va a los museos ni entiende el arte, sino el pintor que quiere transgredir la herencia y le pone a la virgen un rostro de actriz” discusión que queda un poco en entredicho si analizamos las estrategias o técnicas contemporáneas para la realización artística.

El arte contemporáneo busca hacer múltiples lecturas del signo, afirmarlo y ponerlo en duda, precisarlo a la vez que lo desplaza , el signo, símbolo o icono seria un medio dentro del rito, seria significado a la vez que el medio para acercarse a lo que representa, el signo siendo representación es una simulación que busca establecer un sentido. En las instalaciones para espacio museal se evidencia a través de objetos vestigio, cargados de memoria e historia, un pasado, resignificandolo, allí se contextualizan y manipulan generando nuevos ritos, haciendo o evidenciando simulacros, señalando los ritos reales existentes en lo cotidiano para simplemente mostrarlos o re-semantizarlos, los objetos y las cosas al ser documento viajan a tiempos pasados a la vez que actualizan esos discursos poniéndolos a actuar en el presente, poniéndolos a soñar futuro, la ficción se adelanta a la ciencia, los objetos evidencian las concepciones de los pueblos, son entes que evidencian el culto, son objetos para realizar culto. Acerca de las arqueologías, las taxonomías, las re-contextualizaciones, los cruces de información evocan las situaciones de desdibujamiento simulacro, las performances de hecho son ceremonias, ritos en la medida en que son una acción directa sobre lo real, transformando mundo, narrando mundo, pero además de esas características implícitas, las performances se mueven en torno a la construcción de las convenciones, de los acuerdos de cultura y a los modos como esos acuerdos conciente o inconscientemente, erigidos o instaurados se concretan, se desarrollan en acciones, en praxis real.

El arte es realidad presentada, así mismo es representación, simulación, ilusión, el arte es un rito que da sentido y coherencia social. El rito desapropiado o inconsciente desconoce el objeto de su culto, no comprende su sentido. Una sociedad que intenta ser lo que ya no puede ser es una sociedad que aleja el arte para creer en el adorno vació.

YURY HERNANDO FORERO CASAS

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